Las enfermedades coincidentes

Cada cierto tiempo se agudizan las acusaciones contra los laboratorios farmacéuticos del mundo por llevar a cabo prácticas deshonestas con el propósito de incrementar las ventas de los medicamentos. Ahora mismo, en Francia, hay un fuerte debate sobre las drogas que, por tener supuestamente efectos colaterales muy graves, deberían desaparecer del mecado. Hace unos tres años, Le Monde publicó el escrito de un médico que sostenía que toda la alharaca en torno del colesterol, bueno o malo, era una completa exageración, ya que su presencia, en últimas no indicaba nada. Según él, todo era una conspiración de las grandes empresas de fármacos, empeñadas, como en muchos otros casos, en mantener a la gente consumiendo sus productos. Aunque el artículo provocó reacciones indignadas de los propios médicos, y fué retirado del periódico inmediatamente, no hay duda de que no está muy alejado de la verdad en lo que se refiere al comercio de las drogas médicas. Al fin y al cabo, ello no es más que una estrategia lógica del sistema capitalista.
Pero también en el ámbito de la profesión médica parece haber comportamientos que le deben más a la economía de mercado que a la deontología. Porque es común que ciertas enfermedades o meras dolencias se pongan sospechosamente de moda. Hace algunos años todas las mujeres padecían, según sus médicos, de hipoglicemia. Fué una epidemia que apareció y después de arrasar, enérgicamente, con el género femenino, desapareció, aparentemente con la misma falta de explicación con la que había surgido.
Hay varios ejemplos similares que suelen pasar más o menos desapercibidos. No hace mucho le tocó el turno a un nuevo flagelo, que golpeaba esta vez al género masculino: el hígado graso. Con sospechosa unanimidad y simetría, ejércitos de varones en todo el país empezaron a ser notificados del mismo ultimátum. Estaban en inminente peligro de contraer cirrosis, si no abandonaban de manera absoluta el consumo de licor. Y el dictámen se hacía en términos curiosamente tan parecidos, que uno no podía liberarse de la oscura sombra de la sospecha.
No sé en que irá el opresivo crecimiento de ese mal, o si ya ha sido sustituido por algún otro flagelo colectivo contra la salud.
Debemos, por supuesto, creer en la honradez y en la buena fé de los médicos. Pero, – ello incluye depositar también nuestra ciega confianza en su asombrosa tendencia a coincidir?

Acerca de rasbe

I'm a lawyer. I was a Judge in the Highest Administrative Court of Colombia and now I'm partner in Saavedra Becerra Abogados S.A.S., a lawyers firm. At the same time I'm a n University professor on State Liability at the Javeriana University in Bogotá.
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