Leguaje vernáculo

“El señor esté con ustedes”. La primera vez que oí al cura oficiante reemplazar la expresión “el Señor esté con vosotros”, por la que acabo de transcribir me pareció sosa y vulgar. Esta degradación de las palabras evangélicas ha sido una decisión sin sabiduría. Pero así se comenzó a hacer desde el concilio Vaticano II que autorizó la traducción de la misa a los idiomas vernáculos. Lo cual no está mal, si no fuera porque las versiones seleccionadas en los diversos idiomas quedaron de una pobreza que hubiera avergonzado a San Francisco. Basta comparar el Padrenuestro anterior en castellano con el que la Iglesia impuso posteriormente: “perdónanos nuestras deudas . .. .’ pasó a ser “perdónanos nuestras ofensas . . .”, como si la expresión “deuda” no fuera más rica en significados y matices. Se dirá que se trató de acercar el texto a las gentes. Una tontería. En Inglés, es célebre la Biblia protestante del rey Jacobo I, “The King James’ Bible”, una traducción de 1.611, con lenguaje solemne y majestuoso, el Bible English que usa el tuteo solo con Dios. Y este texto es conocido y recitado por los protestantes anglosajones como un tesoro de su lengua, sin que nadie lo confunda nunca con el idioma coloquial. De igual modo, los escritos teológicos de Lutero se consideran joyas del idioma alemán, que él contribuyó, por ese medio, a perfeccionar, y que son recitados y apreciados orgullosamente también por los católicos. La Iglesia fué siempre educadora y no pretendió nunca rebajar la belleza de los idiomas al nivel de los incultos. Es cierto que en este continente no usamos ya, en la conversación algunos de los pronombres y las declinaciones verbales que están todavía vigentes en España, como las que corresponden al plural de la segunda persona. Pero conocerlas es una forma de refinamiento que nos enriquece. Y aún para los no creyentes, la musicalidad y la armonía de una buena versión tenía que ser un grato placer auditivo. Julien Green, célebre escritor norteamericano que escribió en francés, se convirtió al Catolicismo. Pero al comparar muchos años después la belleza de los textos protestantes con el nivel pedestre de las versiones católicas, le escribía con cierta tristeza a su hermana por lo que había perdido en su dolido tránsito espiritual. Pero eso no lo sáben nuestros curas que confunden falta de estilo con sencillez.
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