Destino

Los egipcios lo llaman « la vaca que ríe » en referencia a una célebre marca francesa de productos lácteos. Enfermo, y según algunos, con un cáncer terminal, el rais,  Hosni Mubarak, ha sido, después de tres decenios una figura casi inmóvil para sus compatriotas.

En contraste, durante su reciente operación quirúrgica en Alemania, es el Primer Ministro, Ahmed Nazif, quien se ha encargado de todas sus prerrogativas, dado que el raís nunca había aceptado nombrar un Vicepresidente, a pesar de estar el cargo contemplado en la Constitución egipcia.  Ello, seguramente por el temor de ver surgir un rival peligroso.

Frente a este hombre omnipresente cuyo retrato colgaba hasta ahora de todos los edificios públicos, el anterior director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica , Mohamed El-Baradei, un alto funcionario internacional poco conocido en su país, pero que, según la prensa, seduce a los intelectuales, oculta grandes ambiciones políticas, después de un regreso cuidadosamente orquestado desde febrero del año pasado.

Pese a su interminable gobierno que ya completa cinco períodos consecutivos, el papel de Mubarak hacia el exterior no ha sido  desdeñable; siempre se ha esforzado por tratar de actuar como árbitro imparcial entre Palestinos Israelíes. Se dice incluso que aprecia personalmente al Primer Ministro del Lukud , Benyamin Nétanyahou. Ya hay quienes afirman, que como una insospechada ironía del destino, en estos momentos de derrota, el único apoyo que le queda al mandatario, es Israel.

Su jefe de los servicios secretos, Omar Souleiman, ha sido igualmente un mediador infatigable entre entre los hermanos palestinos del Fatah y de Hamas, pero el papel de Egipto, debilitado por la inseguridad de la sucesión del rais no ha dejado de debilitarse, a la par que el envejecido régimen que hoy está acorralado.

Entre tanto, el hijo y sucesor del anciano presidente, Gamal no ha despertado entusiasmo alguno entre los ciudadanos, a pesar de que ya haya estado actuando de manera más o menos velada con heredero del trono en los escenarios internacionales. Su intervención, bajo las presiones de Washington, había permitido que los Hermanos Musulmanes, el principal grupo de oposición islamista, alcanzara 28 curules en el Parlamento.

Esa generosidad no duró, y el clima reciente se ha caracterizado por arrestos,  y campañas de intimidación: los resultados de la primera vuelta, que vió la eliminación de todos los “hermanos” que se presentaban como independientes, convencieron a la oposición de boicotear la segunda. Para consternación de los Estados Unidos que han estado trabajando en la sombra para convencer al gobierno egipcio de que era imperativo iniciar procesos de reforma y apertura, el nuevo Parlamento egipcio resucitó el partido único. Una ejercicio de  autoritarismo y fuerza que solo esconde una trágica confesión de debilidad e impotencia.

Y que ha tenido el efecto acostumbrado de todas las aventuras dictatoriales cuando su hora ya ha pasado: convocar a la sociedad a la última ceremonia del adios. Que no siempre es pacífica, y que deja, como en este caso, terribles inquietudes para el destino del mundo.

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