Hábito vergonzoso

Debo confesar orgullosamente que soy un entusiasta lector de novelas policiacas. Y digo “orgullosamente” porque en opinión de muchos seudo intelectuales, éste es un hábito vergonzoso. Creo, sin embargo, que estoy en buena compañía porque son muchos los que comparten conmigo esta aficción, si bien es cierto que muchos de ellos la ocultan temerosamente, para no ser considerados frívolos.
Y precisamente, una de las cosas que me hacen apreciar a los franceses, a pesar de su insoportable soberbia, es que son los únicos que dedican en los suplementos literarios de la prensa, muy serias páginas a lo que ellos llaman “roman noire”, o novela negra.
Hay que hacer, desde luego, la aclaración de que ese título se refiere según me parece, no a toda la novela policiaca sino más bien al género de la novela detectivesca americana que representó Raymond Chandler y que tuvo muchos cultivadores en la propia Francia. En este sentido, Sherlock Holmes o Agatha Cristie no son propiamente creadores de novela negra.
Pero a mi me gustan todos los géneros, con la obvia condición de que la trama, el estilo y el ingenio del autor sean convincentes.
Una variedad que requiere particular talento es la novela que el autor sitúa en algún siglo pasado. Esta clase de obra comparte elementos con la novela histórica y por ello es muy exigente, porque cualquier anacronismo o inexactitud con la historia conocida puede hacer que caiga en el ridículo, y pierda su valor.
Jean François Parot (62) es un diplomático de carrera. Y desde hace diez años ha venido publicando las aventuras detectivescas de Nicolas Le Floch, Comisario en Châtelet, ambientadas en el siglo XVIII. Hasta ahora se han publicado L’Enigme des Blancs-Manteaux, L’Homme au Ventre de Plomb, Le Fantôme de la Rue Royale, L’Affaire Nicolas Le Floch, Le Crime de L’Hôtel Saint-Florentin, Le Sang des farines, y  Le Cadavre anglais. Cada una de ellas ha tenido un éxito extraordinario entre los amantes del género en Francia. No sé si exista traducción al castellano, pero no la he visto.
Yo solo he podido leer la más reciente, y me explico el entusiasmo de los lectores. Jean François Parot divierte a sus lectores y, además, educa porque se vale de una precisión de relojero muy atrayente: los lugares que describe son reales, los nombres de las calles exactos, los oficios que describe, y hasta las recetas de cocina.
El El Cadáver Inglés, el Comisario Nicolás Le Floch adelanta una investigación bajo las órdenes de Le Noir, Teniente General de policía de Luis XVI, que se inicia exactamente el 8 de febrero de 1.777 y se desarrolla en menos de diez días. En ese brevísimo lapso, el autor conduce a sus lectores en una increible visita guiada del siglo XVIII, en la que se cruzan ilustres personajes. Por otra parte, es la Reina María Antonieta quien llama al comisario, oriundo de Bretaña, y de orígen noble para que la ayude en un complot del que ella cree ser víctima. La trama se desenvuelve alrededor de la muerte de un prisionero del Fuerte del Obispo, y también aparece en ella el verdugo Sanson , quien hace, además, de médico legista.
Ojalá que los editores en castellano se interesen por estas joyas que bien vale la pena que disfruten quienes como yo, aprecian esta clase de literatura.
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