El extraño coloso

Alan Hutchison, periodista inglés, especialista en cuestiones africanas ha dedicado un libro a ese “extraño coloso” que es el elefante. Una bestia imponente que fascinó a Alejandro el Grande en sus batallas con los Persas, cruzó los Alpes con Aníbal, marchó a la cabeza de los triunfos de los generales romanos, enfrentó rinocerontes en el Coliseo bajo los aplausos de la multitud; los elefantes, sean ellos del africa o de Asia nunca han dejado de habitar nuestra imaginación, alimentando en cambio, los sueños y los fantasmas en precisamente en las partes del mundo en donde nunca han existido.
Presente en los bestiarios de la Edad Media e incluso sobre un sudario del siglo X, adornando tapicerías muy antiguas, figura en medio del Jardín de las Delicias de Jerónimus Bosch, lo mismo que en numerosos cuadros de pintores flamencos. Se lo vé, en pleno Renacimiento, en el Domo de Rímini o en el castillo de Fontainebleau; en estatua, en bajo relieve o pintado al fresco. Y también sobre mosaicos, monedas y platos: de Sicilia a Inglaterra, de los Paises Bajos a España o Portugal, pasando por Ile-de-France, extiende su imperio hasta Dinamarca cuya órden de caballería más elevada, entre las más antiguas de Europa, es la del Elefante.
Alan Hutchison ha explorado los museos, los castillos, las bibliotecas, las catedrales, las viejas mansiones históricas, en busca de la menor traza. Ha desenterrado grabados inéditos manchados de humo en una granja de Umbría, y establecido comparaciones con tanto humor como erudición entre las diversas representaciones del mamífero, cantando las virtudes de su coloso preferido. Antaño los príncipes se regalaban elefantes. También los Papas. El de León X, bautizado Hanno, era de un blanco inmaculado y murió, según parece, de un exceso de vino rojo – su dueño lo cuidaba con vino de consagrar.
Le Bernin, Mantegna, Rafael, Rembrandt pintaron elefantes -Durero prefería los rinocerontes.- Innumerables bibelots de decoración, relojes de Luis XV, de Luis XVI, o del Imperio, porcelanas: convertido en motivo para interiores delicados, prisionero de salones principescos, reales o simplemente burgueses, el señor de los espacios libres, maestro de las llanuras reina sobre un universo de opulencia. Cuando Luis XIV funda el primer zoológico de Europa, el paquidermo comparte protagonismo con la jirafa y el tigre. Pronto llegará el tiempo de los zoológicos modernos, de los circos con sus domadores, y también sus domadoras, de los pedazos de pan que se les tiran o de los pasos de baile que se les ensenna a ejecutar balanceando la trompa. En 1.870 cuando el sitio de París por los prusianos, los dos elefantes del Jardin de las Plantas, llamados La Salière y Pollux fueron sacrificados, despedazados y cortados en steaks que se vendieron a 40 francos la libra para ser comidos por una población hambrienta y cansada de la magra carne de los perros y las ratas . . .
Jumbo, Babar, Dumbo: de Kipling a Walt Disney, la saga se acaba en apoteósis sobre los cuadros de Max Ernst, Salvador Dali, o las esculturas de Henry Moore. Shakespeare, Keats, D.H. Lawrence o La Fontaine . . . no existe ningún dominio del arte que haya escapado a su poder y a su fascinación.

Cet étrange Colosse, L´Elephant en Europe. Deux Mille cinq cents ans d´histoire.
Alan Hutchison

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