Los ataques a Libia

Finalmente, la comunidad internacional, léanse los países ricos, y algunos de sus comodines, lograron iniciar lo que estaban desesperados por hacer: intervenir el Libia. El pretexto, claro, es la protección de las víctimas del Coronel Kadafi, a quien acusan de genocidio contra su pueblo. Lo que, curiosamente no ocurre con Yemen, donde el gobierno mató ayer nomás a 52 ciudadanos de los que protestaban por la sangrienta dictadura que los oprime, disparándoles con francotiradores. Pero los cadáveres yemenitas aparentemente no califican tanto como los de los opositores libios.

De por medio está, naturalmente, el petróleo. Y aunque pueden esgrimirse miles de argumentos para establecer la diferencia con el ataque de los norteamericanos a Irak, (que ahora reinciden, pero ya felizmente acompañados por sus críticos de otrora), lo cierto es que quienes hablaban de la violación de la soberanía de un país, ahora callan. Porque lo de Libia está protegido por el paraguas de ese club de los poderosos, con su descarado  y antidemocrático derecho de veto, que es el Consejo de Seguridad de la ONU; (incluídos sus títeres ocasionales). Unos cuantos países que no alcanzan al 10% de la comunidad internacional, legitiman, según parece, cualquier acción punitiva contra el país que deciden golpear en nombre de sus intereses particulares.

Porque el Coronel Kadafi lleva muchos años violando los derechos de sus súbditos. E incluso llegó a respaldar el asesinato de los pasajeros de un avión que cayó en el Reino Unido. Lo que no impidió que, para congraciarse con él y defender los negocios que representaba, los británicos le devolvieran hace pocos años al terrorista que hizo explosionar el avión.  Acto que, después de algunas críticas de compromiso, fué luego olvidado por la misma comunidad internacional que ahora descubre lo criminal que es el gobernante africano.

Claro que Kadafi es un dictador, como lo era Sadam Husseim. Claro que ha atropellado a sus súbditos y ahora los bombardea; lo hace con los aviones y las armas que le vendieron quienes lo atacan. Pero es que antes el gobernante estaba sólidamente instalado en el gobierno y era una garantía de estabilidad contra Al Khaeda y de protección de las rutas del petróleo. Ahora está débil, y nadie garantiza que su indignado pueblo no resuelva castigar a los antiguos protectores instalando una revolución islámica y perturbando o encareciendo la entrega de combustible. Ahora que la energía atómica, después de Fukushima, entrará en una difícil etapa de cuestionamientos.

Los ataques, claro, son aéreos. Para proteger la zona de exclusión, y para evitar que haya que devolver a los jóvenes, especialmente europeos, en bolsas, porque eso es algo que sus familias no suelen aceptar, ni siquiera en nombre del derecho internacional, y menos en defensa de extraños aborígenes.

Este ataque plantea muchos problemas. Y es un precedente muy peligroso, para otras regiones y continentes. A pesar de la entusiasta reacción, en este caso, de los medios. Entre otras cosas, porque, quiérase o no, será percibido por los árabes como una agresión occidental a sus ideas y a sus valores, así los líderes de esos países no simpaticen nada con Kadafy. E iniciará un conflicto que no va a terminar tan fácilmente como lo creen quienes lo han apoyado y estimulado.

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