La geografía de Tolomeo

Cristóbal Colón estaba seguro de sus conocimientos, y de su empresa. Cuando se lanzó al Atlático con tres caravelas no dudaba en que descubriría una nueva ruta marítima hacia Asia. Jamás pensó que fracasaría porque no sabía que sus mapas le indicaban distancias excesivamente cortas. Por eso cuando llegó al Caribe, estaba seguro de encontrarse en el destino que estaba buscando.
Pero los mapas de Colón, como todos los mapas de la Edad Media, estaban, en mayor o menor grado, equivocados. Ellos reposaban en datos que Claudio Tolomeo había rebuscado y compilado en el siglo II después de Cristo y que constituían el saber de la época.
Claudio Tolomeo era uno de los eruditos más renombrados de la antigüedad. De orígen griego, vivía en Alejandría, sobre la costa mediterránea de Egipto. Sus teorías astronómicas y matemáticas fueron la autoridad hasta fines de la Edad Media. En el Siglo II, el Imperio Romano había alcanzado su máxima extensión e iba desde las Islas Británicas hasta Arabia. Era tan vasto que nadie sabía ya cómo se veía, ya que no existía ningún mapa general. Tolomeo decidió por tanto, buscar las coordenadas geográficas de todos los lugares del mundo conocido. Para ello buscó los datos de los eruditos griegos que habían vivido en los siglos anteriores. Los peritos  de Alejandro el Grande habían precisado la situación de ciertos lugares de Asia. Los griegos Eratóstenes (276-149 AC) y Poseidonius (135-51 A.C.) habían producido una serie de datos geográficos. Eran capaces de determinar la situación de un lugar más o menos a 10 kilómetros de la posición del sol. El propio Erastótenes había calculado incluso la circunferencia de la tierra con asombrosa exactitud. La cantidad de datos y la precisión de los métodos empleados eran tales, que las representaciones erróneas de Tolomeo parecían inexplicables.
Sus listas topográficas, las Geographike Hyphegesis, se referían a 7.000 lugares con sus coordenadas geográficas. Los historiadores se preguntaban si era posible encontrar esos lugares, o si ese saber se había perdido. Finalmente, nos cuenta el diario muniqués  Süddeutsche Zeitung, un equipo de la Universidad Técnica de Berlín ha interpretado esos datos. Para hacerlo, Dieter Lelgemann, profesor de geodesia, Eberhard Knobloch, profesor de historia de las ciencias y Andreas Kleineberg, historiador especialista en la Antigüedad, comenzaron por estudiar las distancias entre diferentes poblaciones conocidas mencionadas en la lista de Tolomeo, como Lisboa y Estambul (antiguamente Felicitias Julia y Bizancio). Luego compararon sus indicaciones con las distancias hoy conocidas. Los datos geográficos y la lista de Tolomeo se revelaron sistemáticamente falsos. Los puntos geográficos están demasiado alejados unos de otros. Para el Occidente de Europa las distancias también son falsas, pero esta vez, demasiado cortas. Esos errores, que  se retoman en las cartas medievales, son seguramente de Tolomeo.
En la época del Imperio Romano existían varias definiciones diferentes de “estadio”, una unidad de longitud y Tolomeo, manifiestamente utilizó la equivocada. Por otra parte, Lelgemann descubrió un problema mucho más grave en la representación de Tolomeo: regiones enteras aparecen alejadas unas de otras con distancias variables. “Tolomeo ensambló un rompecabezas de mapas regionales”, dice el investigador. La sola Italia corresponde a cuatro mapas parciales. Tolomeo los ensambló de manera incorrecta, dejando en general, enormes vacíos. Fueron necesarios varios años para que los investigadores berlineses lograran determinar los espacios entre los mapas.
Su versión corregida del mapa del mundo de la Antigüedad, que benefiará a los historiadores, taerá nuevas sorpresas. Por ejemplo, hasta ahora no se sabía por cual ruta marítima se habían abastecido los Romanos, cuando los Partos cerraron la ruta de la Seda en el siglo II antes de Cristo, porque el comercio entre la China y Europa era económicamente vital para el Imperio Romano. Dieter Lelgemann y sus colegas han podido determinar los puertos en donde los navíos romanos desembarcaban: la ciudad portuaria china de  Kattigara, por ejemplo, -hoy Kuching, en Malasia. La flota romana, con frecuencia tenía por destino final el puerto de Haiphong en Vietnam, que era en la época una plaza comercial importante en el Imperio Chino. Los investigadores alemanes han puesto fin, igualmente a una apasionada controversia sobre la Isla de Thule. Esta isla mítica fué descubierta en el siglo IV antes de Cristo por el navegante griego Piteas en el curso de un viaje al norte de la actual Inglaterra. Pero, poco tiempo después se olvidó de qué isla se trataba. Se pensó en Islandia, en las islas Feroe o en las Shetland. La confusión le valió a Thule ser el corazón de innumerables mitos medievales. El misterio, ya está resuelto. “Thule es Smøla, una isla del tamaño de Trondheim, en Noruega”, afirmó Dieter Lelgemann.
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