La teoría del complot

Hace sesenta y tres años fué asesinado Jorge Eliécer Gaitan. La primera, y probablemente única investigación seria que se hizo del crimen, dirigida por el jurista Ricardo Jordán Jiménez determinó que el político había sido muerto por un desequilibrado, Juan Roa Sierra, quien , a su vez, fué linchado por la gente poco después de haber disparado su revólver. En la autopsia se encontraron en el cuerpo dos de las tres balas disparadas, pero no la tercera. Y en ello se basó la primera de las teorías conspiratorias que hablaban de un segundo asesino. Once años después de los hechos, el cadáver de Gaitán fué exhumado, y entonces se encontró la tercera bala, lo que pudo demostrar que también esa bala había salido del mismo revólver que las otras dos. Pero entonces, ya nada detuvo la teoría del complot.
Es lo mismo que ha ocurrido con otros crímenes o tragedias que han involucrado la política o al Estado. Lo mismo pasó con Kennedy, y lo mismo seguirá ocurriendo cada vez que muera violentamente un hombre o mujer destacados. No importa que no exista prueba alguna de una conspiración que nunca se descubre, al revés de lo que acontece cuando ella, efectivamente ha existido. Porque no hay nada que se quede oculto, como dijeron los griegos. Pero a la gente parece no satisfacerla sino la idea de unos siniestros conjurados alterando el destino del mundo.
La autodesignada “teoría del complot” se vincula a la visión delirante según la cual la realidad, hasta en sus menores detalles, es objeto de una manipulación oculta cuya verdad se le enmascara a la humanidad. Este conspiracionismo se desarrolla  a partir del uso demente del principio de duda. Toma la forma de una especie de creencia que afirma que no se debe creer nada de lo que se nos dice y plantea la incredulidad radical en toda verdad establecida como norma.
En apariencia se trata de una negación generalizada: negar por principio toda verdad basada en procedimientos reconocidos y difundida por los canales habituales. En realidad esta negación disfraza una doble afirmación: por una parte, toda verdad oficial, así esté en los libros de historia, no es más qaue una mentira; por otra parte, la verdad escondida es lo contrario de lo que se nos dice. Se nos dice que Diana murió en un accidente; la verdad es que fué asesinada ! Se nos dice que Al-Quaeda cometió los atentados del 11 de septiembre, la verdad es que los autores fueron los propios americanos. Se nos dice que el hombre llegó a la luna, mentira ! la prueba ? esa fábula favorece a los americanos ! La dialéctica conspiracionista postula que la verdad verdadera es el exacto contrario de la verdad atestiguada y afirmada. Es una dialéctica que no se alimenta sino de detalles insignificantes que se presentan como pruebas.
Nada más peligroso que ese tour d’esprit ! En él se reconoce la lógica negacionista. El éxito entre las masas de esta manera de razonar falsamente que conduce a tener por verdadero lo contrario de la verdad cuando ésta es oficial, no deja de inquietar porque así es como argumentan los negacionistas que no son otra cosa que falsificadores de la historia.
Es facil adivinar las ventajas narcisistas de la creencia en esta teoría: su adepto se complace en detentar un secreto de extremada importancia. Goza  con creer que sabe más que los más grandes entre los  informados. No ha tenido que hacer grandes esfuerzos para elevarse por encima de las cumbres del conocimiento; le ha bastado aplicar una disposición del espíritu: el rechazo de toda verdad afirmada oficialmente. En esta negación triunfa el resentimiento contra las elites del conocimiento y se despliega la conocida figura contemporánea del anti-intelectualismo. Más gratificante aún: el adepto de esta teoría prueba la embriaguez de haber logrado desbaratar una trampa colectiva, en la cual caen los seres ordinarios. Y se descubre más ingenioso que el conspirador que, bajo disfraes diversos, engaña a la humanidad desde hace siglos.
La “teoría del complot” no vive más que un fantasma: la manipulación oculta. Esta obsesión cree exponencialmente: entre más importante es la verdad, más se la oculta y más complejas son las manipulaciones que se realizan. Es lo que explica el éxito de un autor tan mediocre como Dan Brown y su ridículo Código DaVinci: la Iglesia se constituyó para ocultar la verdad sobre Cristo. El conspiracionismo tiene su método: para encontrar la verdad oculta, es necesario creer lo contrario de lo que es oficial. No hay pruebas !! Es porque ellas ha sido escamoteadas por los conspiradores !! La ausencia de pruebas manifiestas, constituye un argumento en favor de la conspiración.
Esta teoría denuncia también a los manipuladores. Para Dan Brown el papel le corresponde a la Iglesia. Por lo general son los judíos. La negación del carácter terrorista de los acontecimientos del 11 de septiembre vé a los judíos (llamados aquí americano-sionistas) detrás de la manipulación. Negar lo sucedido el 11 de septiembre es afirmar la culpabilidad americano-sionista. Con sus variantes conocidas, la banca, los dineros apátridas, esas metáforas de lo judío. Las versiones contemporáneas de la teoría del complot se remiten a una tan tristemente célebre como funesta obra de la policía zarista en el siglo XIX, alrededor de la cual Umberto Eco ha tejido la apasionante trama del Cementerio de Praga: Los Protocolos de los Sabios de Sión.
La teoría del complot es un ersatz de los grandes relatos que conciernen al destino de la humanidad. Contra-relato grandioso, ella es una storytelling. Reirse delante de su enunciación no es suficiente. Su parentezco con Los Protocolos. . ., son identidad de estructura con la lógica negacionista incita la desconfianza : la teoría del complot es una de las vísceras reparadas, renovadas, del vientre de donde salió alguna vez lo más despreciable de la superstición humana.
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