… y el mundo tampoco cambiará.

Hace unos meses las revelaciones de Wikileaks estremecieron de placer a la prensa mundial. El descubrimento de los cables de las embajadas americanas presagiaban, según los excitados comentaristas de los diarios, una nueva era en la información periodística. Aquí, como ya es costumbre, se trajeron al experto español de turno, (porque los de los países de primera línea hablan en otros idiomas y la traducción simultánea -dicen-, es muy costosa ) y el español de turno, traído para ilustrarnos con su sabiduría de ultramar, dijo que el mundo ya no sería el mismo…

La anunciada revolución no se produjo, o por lo menos hasta ahora no se ha producido: el único cambio debe haber ocurrido seguramente en los sistemas de seguridad de las comunicaciones diplomáticas; y los embajadores de todos los países seguirán contándole a sus gobiernos los negocios sucios y las costumbres feas de los respectivos países en donde los han mandado,  Es decir, continuarán haciendo lo que se supone que deben hacer.

Así que las denuncias sobre lo hipócritas que son los diplomáticos americanos no estremecieron al mundo, por la elemental razón de que todos los diplomáticos de todos los países son iguales, y nadie quiere que lo que les pasó a los americanos, les pase a los demás gobiernos, especialmente a los más poderosos del mundo.

Ahora ha estallado otro escándalo mundial que debería prometer otro cataclismo institucional. Pero ocurre que esta vez el afectado no es un gobierno sino la prensa. En efecto, se ha descubierto en el mundo desarrollado algo que aquí ya sabíamos desde hace algunos años: que ciertos periódicos y especialmente algunas revistas “chuzan” o pagan para que otros “chucen” a políticos, magistrados, eclesiásticos, deportistas  y tambien a gente perfectamente normal.

Esta vez no nos han traído a ningún experto español para que nos diga que el mundo ya no será como antes. Porque en este caso las informaciones se han dado, profusamente sí, pero con algún efecto de sordina: se centran, no en el problema del control a los abusos de la información y en la intromisión de los medios en la vida privada, sino en las desventuras de Don Rupert Murdoch. Como para que todos creamos que, salvo ese detestable magnate australiano, todos los demás propietarios de medios de comunicación en el mundo son gente decente.

Y por supuesto, tampoco en este caso, pero por razones peores, el mundo cambiará en lo más mínimo.

Acerca de rasbe

I'm a lawyer. I was a Judge in the Highest Administrative Court of Colombia and now I'm partner in Saavedra Becerra Abogados S.A.S., a lawyers firm. At the same time I'm a n University professor on State Liability at the Javeriana University in Bogotá.
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