Indigestión legislativa

Todos los días aparece en la prensa la información sobre nuevas leyes aprobadas. Son, por lo general, textos ampulosos que traen a nuestro entorno jurídico las últimas decisiones y los más recientes asuntos de moda en otras latitudes geográficas. Tanto, que a veces importamos pretendidas soluciones a debates que jamás han sido tema de nuestran discusiones locales. El antisemitismo, por ejemplo, es una de esas taras exóticas, propias de culturas diferentes, y que yo sepa, nunca ha conmovido en lo más mínimo nuestro quehacer social y político. Fuera de alguna que otra necedad oportunista de fugaz vigencia. El racismo, por otra parte, ha sido más bien una cuestión de pobreza que de supuestas motivaciones antropológicas como en los países en donde se ha manifestado su desvastadora patología. La tolerancia de las diferencias, por otra parte, es una cuestión de cultura y pedagogía social, y no un tema de postulaciones legislativas.

Pero con la manía imitadora y contrabandista que nos caracteriza, seguiremos importando soluciones extrañas, obviamente con sus respectivos conflictos. Ello para incrementar aún más uno de nuestros problemas típicos: tener más y más leyes de las que nuestra agobiada institucionalidad puede digerir.

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