Las víctimas del 9-11

Pocas dudas quedan de que, aparte de los muertos y los heridos, unas de las grandes víctimas del 11 de septiembre de 2.001 han sido los derechos de las personas, o mejor, la ilusión de que ellos se puedan mantener incólumes en media de las mayores crisis de la sociedad.

Nuestra Constitución, escrita diez años antes, en medio de una oleada un poco ciega de entusiasmo, declaró que en los estados de guerra o grave conmoción no podrían afectarse los derechos fundamentales de la gente. Leyendo ese texto, yo recordaba a un profesor de derecho quien nos decía sarcásticamente a sus alumnos comentando la norma que prohibía, -en la Constitución anterior-, prolongar las emergencias por más de 90 días, que en Colombia los volcanes tenían prohibido legalmente hacer erupción.

Reiterar la vigencia de los derechos a pesar de las emergencias, es, por supuesto, tratar de olvidar deliberadamente que las crisis son cuestiones de hecho y no de derecho. Pero esa es una actitud que refleja un viejo sueño de las sociedades avanzadas. En plena Guerra Mundial, los ingleses se negaban tozudamente a declarar la Ley Marcial, hasta que los violentos bombardeos de Londres los obligaron a imponer era odiosa medida, y aún así, con mucha reticencia: ella afectaba, entre otras, la libertad de expresión, una de las más preciadas virtudes de la sociedad británica.

La destrucción de las torres gemelas se ha reflejado en un incremento desaforado de today clase de controles a ciertas actividades de las personas en el mundo entero. Basta llegar a cualquier aeropuerto, ya se trate de Europa, Asía u Oceanía aparte de las Américas, para comprender de inmediato, así sea en una escala más o menos reducida, la extensión de la vigilancia que hoy se ejerce universalmente sobre las gentes.

Quien sabe cuanto tiempo pase para la humanidad antes de que recuperemos la ilusión ahora extraviada de que los derechos y especialmente las libertades ciudadanas estan en proceso de conquista definitiva, por encima de las contingencias de desorden social. Esa incertidumbre es uno de los tantos flagelos que nos dejó el ataque terrorista de Bin Laden.

Acerca de rasbe

I'm a lawyer. I was a Judge in the Highest Administrative Court of Colombia and now I'm partner in Saavedra Becerra Abogados S.A.S., a lawyers firm. At the same time I'm a n University professor on State Liability at the Javeriana University in Bogotá.
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