Porqué fracasó Durban

El catastrofismo ha sido una de las estrategias favoritas de las agencias internacionales, incluída la ONU. Parte del argumento de que si a la gente no se le dicen las cosas de la manera más alarmante posible, no le hace caso a las advertencias, por grave que sea la situación.

Es, quizás,  una práctica eficaz, pero arriesgada porque puede salir muy mal. Una prueba la tuvimos cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió exagerar al máximo la amenaza de la gripa A2N2, al extremo de que los países reaccionaron tomando drásticas y costosas medidas que a la postre se revelaron innecesarias, porque la grave epidemia universal pronosticada por la agencia de las Naciones Unidas ni siquiera despegó. Con un grave y peligroso deterioro de la credibilidad de la institución, que trató de defenderse alegando que precisamente la enfermedad se había evitado por las medidas tomadas a tiempo. Pero nadie le creyó.

Peor resultan las cosas cuando las advertencias se acompañan de informaciones y estadísticas inexactas o deliberadamente infladas. Si la maniobra se descubre, los efectos, -como en la fábula del pastorcito mentiroso-, pueden ser catastróficos.

Es lo que acaba de pasar, ominosamente, en la Cumbre  de Durban, Suráfrica. La 17a conferencia de las Naciones Unidas sobre le clima se ha terminado finalmente, después de varios días de estériles discusiones con un débil acuerdo de compromiso que prevé establecer de aquí a 2.015 un pacto global de reducción de las emisiones de gas con efecto invernadero, origen del calentamiento climático.

Ese acuerdo deberá entrar en vigor en 2.020, y aunque reúne a todos los grandes países emisores, no será jurídicamente obligatorio. La verdad, por tanto, es que no ha habido compromisos concretos. Y una vez más, las negociaciones han fracasado en lograr progresos reales para luchar contra el cambio climático. El convenio de Durban es un juego de ilusiones sin objetivos reales.

Si el calentamiento global es una realidad incontestable, ¿ porqué la comunidad internacional no se pone de acuerdo en la urgencia de tomar las medidas adecuadas para disminuir al menos su  impacto ?

Parte de la responsabilidad la tiene el episodio conocido como el “climagate” de 2.009 cuando miles de e-mails cruzados entre científicos de la Universidad East-Anglia en Inglaterra fueron interceptados por hackers. Los textos muestran que, al redactar las relatorías del Panel intergubernamental sobre Cambios Climáticos (IPCC) de la ONU, los científicos manipularon datos con el objetivo de exagerar los indicios de calentamiento global y, vergonzosamente, impidieron que colegas con resultados de investigaciones frontalmente contrarios al catastrofismo, se pudieran expresar. O sea, que violaron los fundamentos mismos del método científico, llevando la cuestión al campo de la mera creencia y de la política.

Parece mentira que los científicos arriesguen su reputación conspirando unos con otros para falsificar datos y exagerar sus conclusiones para producir impacto en la opinión pública, en su afán de atribuir a toda costa, el calentamiento global al desarrollo industrial. Pero esa ha sido precisamente la raíz del escándalo, que revivió el mes pasado con el descubrimiento de otros 5.000 mensajes. Lo más grave es que con su procedimiento, los propios científicos han abierto el camino para que cualquier charlatán en contra o a favor de la tesis por ellos defendida, se exprese y reclame para sus palabras el mismo peso de las conclusiones falseadas.

Y lo peor de todo, es que han alimentado las dudas y fortalecido los intereses de los grandes países contaminadores, como lo demuestra la poca voluntad con que llegaron a Durban, y el gravísimo fracaso de la Conferencia climática. Causándole un inmenso perjuicio a una campaña absolutamente necesaria para la supervivencia del mundo tal como lo hemos conocido.

Acerca de rasbe

I'm a lawyer. I was a Judge in the Highest Administrative Court of Colombia and now I'm partner in Saavedra Becerra Abogados S.A.S., a lawyers firm. At the same time I'm a n University professor on State Liability at the Javeriana University in Bogotá.
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