El primer acto de la Gran Guerra

Aunque el asesinato de Francisco Fernando, obra de Princip y su pandilla de conspiradores de la Mano Negra ocurrió el 28 de junio de 1.914, fecha generalmente señalada como la del comienzo de la Primera Guerra Mundial, fue la decisión del imperio Austro-Húngaro de aprovecharse de ello, un mes más tarde, y someter a Serbia acabando con sus ambiciones expansionistas lo que verdaderamente disparó la cadena de acontecimientos que llevaron a lo que nuestros antecesores llamaron la Gran Guerra. Para lograr su propósito Viena buscó primero  asegurarse el respaldo de su poderoso aliado, Alemania. Ambos habían formado la Alianza Dual en 1.879, que años después se volvió Triple Alianza cuando Italia resolvió adherirse. Aunque el respaldo del Kaiser Guillermo II a la petición austro-húngara de apoyo  fue más bien vago y escéptico, -tanto que inmediatamente el gobernante alemán se fue a hacer un crucero por Noruega-, resultó suficiente para que el gobierno Austríaco se sintiera autorizado a iniciar las retaliaciones contra los serbios.

De todos modos, a los gobernante de Viena  les tomó tres semanas armar el tinglado Sin embargo, el ultimátum que, finalmente le enviaron a Serbia fue, en palabras del Secretario de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, Sir Edward Grey, ” el más formidable documento jamás remitido por una nación a otra”. A Serbia se le dieron cuarenta y ocho horas para aceptar diez demandas cuidadosamente redactadas para humillarla y obligarla a rechazarlas por simple dignidad. Aún así, los serbios aceptaron ocho, lo que  la belicosa y arrogante Austria-Hungría consideró inaceptable, y el 28 de julio, es decir, hoy hace exactamente cien años, le declaró formalmente la guerra a Serbia.

En adelante los acontecimientos se precipitaron velozmente, cada uno provocando el siguiente. En respuesta a la declaración de guerra, Rusia, que se veía a sí misma como protectora de Serbia, inició la movilización. Francia, aliado de Rusia desde 1.892 le ofreció su apoyo. En respuesta, los alemanes le dieron a Rusia doce horas para detener su movilización. Vencido el plazo, el 1 de Agosto, Alemania le declaró la guerra a Rusia y, dos días después, a Francia. ” Nos han puesto la espada en nuestras manos”, sentenció el Kaiser, y se inició el cataclismo que condicionaría el escenario mundial del siglo siguiente.

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